Francesc Pellicer

De tot un poc.

GOOGLE, EL POLICÍA.

¿Cómo te quedarías si al intentar acceder a tu cuenta de Google te encontraras con un mensaje indicándote que tu cuenta ha sido inhabilitada?

Eso es lo que este fin de semana le ha ocurrido a un servidor. Para saber el porque, te remiten a que leas las condiciones generales. Una parrafada que no te soluciona nada. Parece ser, según indican que si realizas un uso indebido de tu cuenta pueden inhabilitarla. Hasta ahí, bien. Pero ¿que he hecho yo para que inhabiliten la mía? Pues no lo sé y creo que no lo sabré nunca. Hasta la fecha recomendaba a todos mis amigos utilizar las herramientas de Google, que son muchas, muy buenas y gratuitas. De hecho, yo las utilizo habitualmente de manera personal y también de manera profesional, gmail, calendar, documents, reader, maps, picasa, talk, traductor, alerts, analytics, Earth, apps, local busines, etc. Tengo cantidad de documentos guardados en Internet. Pensaba que era mucho más seguro que tenerlos almacenados en el disco duro de mi ordenador, y quizá así sea, pero el susto de este fin de semana te hace plantear algunos temas.

¿Se está convirtiendo Google en un nuevo policía? ¿En que se basa para inhabilitar una cuenta? Y si a pesar de mis esfuerzos por demostrar que soy inocente no consigo convencerles, ¿qué pasa con todos mis documentos y archivos? ¿los pierdo? ¿a quien acudo para que me defienda? ¿es legal esta forma de proceder?

La verdad es que a mucha gente les parece bien esta forma de actuar, anteponen la seguridad a la privacidad. Es la vieja polémica sobre donde trazar la línea que separe nuestra privacidad y al mismo tiempo preserve nuestra seguridad. Desde mi punto de vista es inaceptable. El poderoso con la escusa de la seguridad colectiva acumula más poder.

Para que vuelvan a habilitar la cuenta debes facilitar un número de teléfono al que te enviaran un SMS con un código de verificación. Esta operación la he realizado este fin de semana tropecientas veces, en cada uno de los intentos se me indicaba que el servicio permanecía cerrado y que lo intentara pasadas unas horas, hasta que la dichosa maquinita se cansó de facilitarme códigos apareciendo un nuevo mensaje que decía que había superado el número de intentos, y que enviara yo un mensaje a Google explicando el problema.

Finalmente el tema se solucionó satisfactoriamente el lunes gracias a la inestimable colaboración de mi buen amigo Raúl Abad. Yo, por mi parte, seguiré confiando en Google porque de lo que conozco es lo menos malo, pero es muy probable que me decida a probar otros servicios para repartir riesgos y espero que a Google le salgan muchos competidores, tan buenos o mejor que él.

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24 Mai 2010 - Posted by | Llibertat

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